Desayunos con identidad local que encienden el día
Antes de la primera rampa, un desayuno honesto equilibra energía y ligereza: pan crujiente con aceite y tomate, queso suave, fruta jugosa y café sin prisa. Conversa con quien atiende la barra, pregunta por la subida más bonita o por ese atajo floral. La hospitalidad abre puertas, te regala fuentes escondidas y bancos sombreados. Empieza pronto, siente el aire fresco, y permite que el estómago satisfecho sostenga cada pedal hasta el paseo marino de mediodía.